LA AVIOFOBIA: EL MIEDO A VIAJAR EN AVIÓN.

A pesar de que el avión es el medio de transporte más seguro y eficaz, el sueño de volar es para mucha gente una horrible pesadilla. Son incapaces de sacar provecho de un viaje rápido y seguro en un avión o simplemente evitan tener que subir a «encerrarme en una pesada caja de hierro que vuela». A pesar de que muchos de aquellos que sienten auténtico pánico ante la sola idea de tener que hacer un viaje en avión, no sienten el más mínimo temor a ir por una autopista a 180 Kilómetros por hora, o conducir con unas cuantas copas de más.

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Pero este razonamiento no les sirve de nada a los que tienen miedo a volar, ya que los miedos no se curan con argumentos racionales. Como dijo alguien: «Cuando la lógica y la imaginación entran en conflicto, la imaginación siempre vence».

Pongamos un ejemplo: ¿cuántos de los que leen ésto son capaces de poner una tabla en el suelo de 3 metros de largo por 30 centímetros de largo, y andar por ella sin salirse ni caerse? Estoy seguro que la práctica totalidad de los que me leen lo pueden hacer perfectamente, por ejemplo usted, estoy seguro de que lo haría bien. Pues ahora compliquemos un «poco» el asunto, y coloquemos esa tabla de 3 metros haciendo puente entre dos edificios de 20 pisos de altura, pongamos unos 200 metros de altura, viéndose abajo un callejón (3 metros no dá para mucho) con algún transeúnte, el cual se aprecia diminuto como una hormiga. ¿Estaría usted dispuesto/a a repetir el experimento de caminar por la tabla sin caerse?. Me apuesto a que la inmensa mayoría jamás intentaría pasar por una experiencia semejante. Pero si lo razonamos, ¿por qué?. ¿No es la misma tabla que no da problemas si está en un suelo?, si realmente, sólo hay que hacer lo mismo que se hizo cuando estaba en el suelo; si lo razonamos, no debería nadie de tener miedo. Pero resulta que cuando la dichosa tabla está a 200 metros de altura, comienza nuestra imaginación a dispararse, a pensar en que nos vamos a caer, es más, seguro que es lo que primero pensamos, que nos vamos a caer, y seguramente visualizamos nítidamente la caída; nuestra mente empieza a bombardearnos con pensamientos del tipo de: «que me caigo», «se me va el equilibrio», etc.

CUANDO LA RAZÓN Y LA IMAGINACIÓN ENTRAN EN CONFLICTO, LA IMAGINACIÓN SIEMPRE GANA.

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